«Un vendedor sin ilusiones es un barco a la deriva»

Hace poco, un profesional de las ventas me comentó en voz baja: «un vendedor que no tenga ganas de ganar dinero no puede llegar muy lejos».

Toda la razón.

Cuando tienes metas personales que implican invertir una buena cantidad de dinero para conseguirlas, la ilusión por obtenerlas se convierte en un ingrediente básico para potenciar tus pedidos.La ilusión es un sentimiento que se contagia. Estas metas, que pueden ser tan válidas como la de comprar la casa de tus sueños en la playa, o en la montaña, un automóvil que siempre has querido, o viajar, pueden ser la gasolina que te impulsa no sólo en tu trabajo, sino también en tu vida personal.

La mamá de un amigo de la adolescencia solía decir que «el que pierde la ilusión, pierde las ganas de vivir». Sin ánimo de dar tintes dramáticos a la entrada, esto es del todo cierto, y viene a afirmar lo mismo que lo dicho al principio.

La ilusión es el motor que nos mueve, es un sentimiento que nos despierta y nos pone una sonrisa en la cara. Sin eso, no se llega muy lejos en la vida, y por ende, en las ventas. Lo digo por experiencia propia.

Cuando te encuentres desorientado, cansado, y con pocas ganas de seguir, pregúntate qué tal andas de cosas que te gusten, que te despierten alegría. Es posible que buscando aquellas que te realmente te hagan feliz a tí -y no aquellas que crees que los demas piensan que pueden hacerte feliz-, encuentres un camino.