Personas de las que aprendí. Montenegro, Serafín. La determinación.

Conocí a Serafín Montenegro en uno de los momentos más duros de su carrera deportiva. No me refiero a la etapa en la que fue portero del Pontevedra  -aun teniendo una notable minusvalía en la mano derecha-, cuando el Pontevedra era el Pontevedra, sino a aquella en la que perdió el imperio que él, junto con otros dos socios, había creado de la nada. Pasó del todo al vacío en unas horas. Se estrelló.

Cualquiera en su situación habría estado en coma profesional una larga temporada. Los golpes así matan a las personas.

Enroscado, reconcentrado y enérgico. Rápido, listo y tenaz. A mí no me gustaría tenerlo de enemigo. Sufrir a Serafín tiene que ser duro de carallo. Sería como saber que tienes que enfrentarte con alguien que no se cansa nunca, que va a por todas desde el minuto cero hasta el último segundo de la prórroga, que te quiere ganar, hoy, mañana y todos los días.

Han pasado ya la friolera de dieciséis años desde que aconteció el traspiés, y como mencioné, partiendo desde cero, hoy tiene de nuevo una de las empresas más fuertes de su sector.

Serafín Montenegro esconde muchas habilidades, de otro modo no es posible conseguir lo que él ha llegado a construir, pero si tuviera que elegir una palabra para definirlo, esa palabra sería determinación. La determinación convierte a la persona en una bala directa a su objetivo. La determinación lleva implícita la cualidad de actuar en el momento adecuado, con la debida rapidez. Eso bloquea a los oponentes, no les presta tiempo para pensar. Las personas suelen apartarse ante la gente determinada, suelen colaborar con aquello que les piden, casi de forma instantánea.

La siguiente escena de la película «Sin perdón», de Clint Eastwood, nos muestra a la perfección el efecto que genera en los demás una persona decidida que toma la iniciativa.

Al tiempo que estoy escribiendo estas líneas, caigo en la cuenta de que casi la totalidad de la gente importante que he conocido guarda similitud respecto al hecho de su unicidad y particularidad como individuo. Los grandes hombres se parecen poco a los demás, por dentro y por fuera.

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