Con sus clientes, evite conversar sobre esto

Un antiguo compañero de trabajo, gran comercial de dilatada experiencia, me dijo: -tienes que saber tres cosas que nunca fallan en el desempeño de esta profesión: no hables con los clientes sobre política, fútbol o religión, y si surge el tema, pasa de puntillas, pero no te mojes-.

Aquella indicación me sonó a tópico, carente de mayor interés, por lo que no hice mucho esfuerzo por reflexionarla. Ya se sabe, todo lo que no pasa el tiempo suficiente en nuestra cabeza, macerando, se acaba esfumando sin dejar rastro.

No mucho tiempo después de aquel consejo, comprobé la certeza del mismo en el trascurso de una distendida conversación con dos clientes. Tomando unas cervezas una tarde de verano, surgió un tema que estaba en el candelero político en aquellos días. Uno de ellos tenía una firme convicción al respecto, la cual yo no compartía, y así se lo hice saber. Y a partir de entonces, yo dejé de ser una preferencia para las compras de su empresa, y así me lo hizo saber él a mi también, rebajando mis posibilidades de venta a cero.

Yo pensaba que uno tiene que comportarse tal y como es, sin importar lo que los demás puedan pensar. Pues ERROR.

Un cliente no deja de serlo por muy buena relación personal que tengamos con él. Cuando un amigo es cliente, debemos guardar siempre una distancia suficiente hasta la línea roja que marcan las convicciones personales de cada uno, especialmente aquellas que tenemos interiorizadas, que hemos aprendido en casa desde pequeñitos, y que están entroncadas con el concepto que tenemos sobre nosotros mismos – soy de izquierdas o de derechas, de un equipo de fútbol y al mismo tiempo antagónico de otro, cristiano o enemigo de todo lo que huela a religión, etc -.

En una ocasión, me presentaron a un conocido empresario barcelonés en una feria. Eran los tiempos del Barsa de Guardiola, e informado de que tanto yo como las otras dos personas que conmigo estaban vivíamos en Madrid, sin preguntar de qué equipo éramos, nos contó un par de chistes para amenizar la conversación de los que todavía me acuerdo:

Me parto de risa

Me parto de risa

«¿Por qué el próximo partido del Madrid se ha adelantado al sábado?
Porque el domingo hay fútbol».

-Jajajajaja, nos partíamos de risa.

-«¿En qué se parece el Barça a una empresa de construcción?.
En que un año le hizo el pasillo al Madrid, y al otro el baño».

-¡¡Jajaja!!, qué gracia nos hizo a los tres, que éramos merengones.

Es como ir a Calatayud y preguntarle al cliente por la Dolores.

A estas tres cosas que mencionó mi amigo Carlos, me permito añadir una, también muy importante: la competencia. Si usted habla mal sobre la competencia, por efecto de un extraño mecanismo psicológico, el cliente pensará lo mismo sobre usted y/o su producto. En caso de no tener más remedio que dedicar unas palabras sobre los competidores, que sean de halago, pues el mismo mecanismo rige también en sentido contrario.

Facebooktwittergoogle_pluslinkedinmailFacebooktwittergoogle_pluslinkedinmail

Escribe un comentario