La convicción en la venta personal

La convicción es el arma más poderosa que una persona tiene para influir sobre los demás. No convencemos a los demás con nuestras razones y argumentos sino a través de nuestra convicción en lo que decimos.

Existe una habilidad innata en todos nosotros que nos concede reconocer cuánto hay de verdad en aquello/s que vemos y/o escuchamos. Son todas esas señales del lenguaje no verbal que percibimos mientras se nos habla, se nos mira o se nos ignora.

El ser humano está dotado de una serie compleja de mecanismos internos que le ayudan a reconocer el peligro, cuando este es real, y viene disfrazado de distintas formas.

«Tú siempre sonríe, ve a por ello, y será tuyo». Esta frase me la espetó hace poco un profesional de las ventas al cual tengo en buena estima. Estoy de acuerdo en parte. Sonreír ayuda, el tono de las palabras y el lenguaje corporal controlado también, no obstante, las personas somos capaces de ver el trasfondo de lo que tenemos delante, somos capaces de intuir qué hay al final del túnel. Por esta razón, es bueno que uno se precupe por trabajar un buen fondo en todo aquello que intenta o hace. Cuando tenemos por fin únicamente nuestro beneficio personal, los demás lo perciben. Cuando actuamos movidos por fines meramente egoístas, los demás lo ven. Somos cristales a los ojos de los demás.

Dicho esto, y afirmando que un fondo de buenas intenciones en todo lo que hacemos es necesario para conseguir aquello que nos propongamos, no es menos cierto que la convicción absoluta y sin fisuras en que lo vamos a lograr es la clave.

Si usted tiene dudas sobre lo que dice o quiere transmitir, los demás también dudarán.

Estar convencido de lo que uno dice es en parte una buena clave de lo que se necesita para convencer a los demás

 

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